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Fidel y la educación

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Fidel, el pionero mayor. Foto: Archivo de Granma.

Fidel fue un educador incansable y sistemático, en relación directa con el pueblo y cercano siempre a las nuevas generaciones. Foto: Archivo de Granma.

Fidel concibió la educación como uno de los ejes fundamentales en la estrategia orientada a la conquista de la soberanía, la justicia social y la necesaria lucha contra el subdesarrollo. Para lograr tan ambiciosos propósitos transformadores, había que introducir profundas reformas estructurales, a la vez que se procedía a la construcción de un sujeto crítico, capaz de asumir con plena conciencia el proceso emancipador.

A pocos años del triunfo revolucionario se emprendieron, en rápida sucesión, la campaña de alfabetización, la reforma universitaria, que arribará a su sexagésimo aniversario en 2022, y la fundación de los primeros centros de investigación científica. El plan de becas viabilizó el acceso al estudio de niños y jóvenes procedentes de los sectores más humildes. Vencido el analfabetismo, se implementaron vías para garantizar la superación permanente de las grandes mayorías. En muchos centros de trabajo las oficinas se convertían en aulas después de la jornada laboral. Del dominio de las primeras letras se pasaba al empeño por escalar al sexto grado.

La escuela es el ámbito formal a través del cual los educandos adquieren instrucción, habilidades, formas de convivencia y principios éticos esenciales. Le corresponde favorecer el despertar de curiosidades, germen del indispensable acceso a las realidades del mundo y acicate para la preparación de futuros investigadores e innovadores.

Para el logro de la complejísima operación de formar ciudadanos, instruir representa el primer peldaño en la delicadísima misión de estimular inteligencias y afinar sensibilidades.

Se requieren planes y programas que conjuguen la preservación de la memoria viva –hecha de historia y tradición, raíz de identidad– con la proyección hacia una modernidad caracterizada por desafíos sin precedentes, planteados por avances tecnológicos que se articulan a un pensamiento neoliberal invasivo, a la depredación del planeta, a la exacerbación del individualismo, al desplazamiento de la competitividad en detrimento de la solidaridad, a la profundización de las desigualdades, al socavamiento perverso de las funciones del arte y la cultura y a la manipulación de las conciencias por parte del poder hegemónico. En ese mar de conflictos habrán de estar comprometidas las nuevas generaciones.

Planes y programas de estudio, métodos de enseñanza despojados de autoritarismo ofrecen herramientas para ingresar en el universo del mañana. Pero el papel fundamental descansa en la tarea insustituible del maestro, figura que reclama con urgencia el debido reconocimiento social, denominación genérica que, violando las normas de la ortografía, habría que escribir siempre con mayúscula. Merecedor de una justa remuneración salarial, su formación actual exige un permanente y riguroso plan de superación que conduzca a eliminar deficiencias palpables en muchos resultados docentes en lo referido al dominio de la lengua materna y de la historia, con la aplicación de prácticas destinadas a estimular el ejercicio del pensar.

La educación corresponde a la escuela. Pero no solo a ella. El hogar armónico y funcional transmite memoria, siembra valores y promueve expectativas de vida. El entorno edificado, libre de desechos, con calles y aceras primorosamente preservadas, impone al transeúnte el respeto a las normas básicas de conducta para la conservación de un hábitat que todos compartimos. No menos importante resulta el rescate de las delimitaciones entre espacio público y privado. Después de meses de confinamiento, el regreso a la normalidad se manifiesta en el estallido atronador del ruido. Los antiguos pregones, ajustados a la medida de la voz humana, modelados por nuestra tradición musical, han sido sustituidos por bocinas que repiten el mismo monótono mensaje y perforan el oído de quienes, en el hogar o en el centro de trabajo, disfrutan del merecido descanso o requieren la indispensable concentración para llevar a cabo cumplidamente su tarea. Las noches tampoco deparan el reposo que todos demandamos, cuando festejos y bares perturban la tranquilidad hasta altas horas de la madrugada.

Maestro del arte de la comunicación, Fidel fue un educador incansable y sistemático. Rompió los esquemas establecidos para la oratoria por la retórica al uso, tan frecuentemente empleados por la demagogia política que aún opera en las campañas electoreras en muchos lugares del mundo. En relación directa con el pueblo, su interlocutor privilegiado, comprendió la naturaleza del intercambio entre la pantalla del televisor y su destinatario, instalado en la intimidad del hogar. Supo adoptar, en este caso, un eficaz estilo conversacional. Como lo afirmó en alguna ocasión, compartió con el oyente “el parto de las ideas”, modo de poner en práctica un productivo ejercicio del pensar. Su extraordinaria capacidad comunicativa le permitió extender el diálogo implícito a las concentraciones masivas en la Plaza de la Revolución. Esa facultad inspiró al Che una reflexión constitutiva de uno de los hilos conductores de El socialismo y el hombre en Cuba.

Forma y contenido se fundían armónicamente en un propósito común. El pueblo tenía que convertirse conscientemente en protagonista de una historia, crecer para arrostrar los mayores desafíos.

En un recorrido que se extiende desde la euforia del triunfo de enero hasta sus memorables palabras en el Aula Magna, lugar y circunstancia cargados de simbolismo, siempre afrontó la verdad en toda su esperanza, analizó los problemas de la Isla en su contexto específico y también en el de un planeta del cual, de manera ineludible, formamos parte. Nunca evadió encaminar el análisis de los fenómenos en su más intrincada complejidad.

Compleja es la época que nos ha tocado vivir. Tenemos que superar enormes obstáculos objetivos. Para lograrlo, es indispensable la formación de un sujeto lúcido y participante. Su desarrollo pasa por el camino de la educación.

Se han publicado 2 comentarios



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  • HECTOR Y EL HERMANO dijo:

    Magnifico artículo profesora. Reflexiono sobre otro tipo de abordaje. Fidel es un estratégico modelo de comportamiento humano aun por estudiar y profundizar, una nanotecnología pendiente sobre el estudio de las emociones y su influencia en el comportamiento del hombre más grande de la historia contemporánea en nuestro país, que valore y recree las claves emocionales que dieron origen a esa figura que fue nuestro líder. Un abordaje científico desde otro ángulo de las ciencias sociales profundizando más en el origen de toda esa armazón, el punto donde se inicia la construcción de todo comportamiento humano; las emociones como punto de partida. Por ahí descubrir las causas que condujeron a la formación de ese gigante que es Fidel. Un origen que se inicia con una actitud diferente, un blindaje superior en el campo de las emociones, como claves que debemos saber revelar para guiar y formar actitudes similares en las nuevas generaciones. Porque lo estándar en estos casos en este tipo de abordaje sobre figuras sobresalientes de la historia Profesora, algo que hacemos de forma repetitiva cuando tratamos de guiar a las nuevas generaciones centrándonos 100% solo en la obra de la figura histórica, algo importante, pero que no muestra directamente el camino a seguir en cuanto al comportamiento humano, al solo concentrarnos en ese enorme resultado final que es siempre la obra y las ideas de esas figuras, asumimos que al dominar la obra es más que suficiente para profundizar y encontrar las causas que dieron origen a tales hombres y su historia. Estudiando las emociones, recreando como se pudo formar ese tipo de actitud, es la vía para llegar al punto de partida u origen de ese fenómeno y descubrir las claves que dieron origen a esos gigantes de la historia, y por ahí guiar a las nuevas generaciones formando actitudes similares. Hoy prevalece un único enfoque, el propio del gremio de los historiadores que solo busca el origen que catapulto a esa figura histórica solo a partir del resultado o aporte histórico, asumiendo que el resto, en especial las emociones, son consecuencia de esa obra histórica, cuando todo es totalmente al revés en el comportamiento humano. Primero las emociones formando una actitud diferente, después la cultura y por último la obra. Pero a nuestros héroes los abordamos de una forma estándar propia del gremio de los historiadores, no muy dialéctica, detenida en el tiempo, centrado 100% en su aporte final, en su obra. Se necesita abordar esos gigantes históricos desde el punto de vista de las otras ciencias sociales, más enfocados en el comportamiento humano, algo que es más fácil de asimilar y seguir por las nuevas generaciones, que nos permita llevarlos hacia una nueva ACTITUD, esa puerta solo se abre con las emociones. Estudiar y recrear a fondo como las emociones formaron esa actitud en Fidel es clave para formar al hombre nuevo que necesitamos. Se necesita abordar la historia de esas figuras como Fidel desde la óptica del comportamiento humano que aportan las otras ciencias sociales, y descubrir por medio de las emociones lo que originó una actitud diferente y sobresaliente.

    La diferencia tan grande que pone una figura histórica como Fidel o el Che, tiene sus orígenes en la actitud diferente que se formaron desde los primeros años de vida.

    Somos conscientes de que el mundo ha cambiado muchísimo en estos últimos años. Y esto no tiene ya forma de parar en un futuro próximo. Vivimos épocas de cambios, de una complejidad y una competitividad sin precedentes. En lo individual nos enfrentamos a una saturación de información, a un desequilibrio entre la vida personal y profesional. La tecnología nos ha dado herramientas para tener mucha más libertad en la vida. Nuestras elecciones como consumidores son ilimitadas: pedimos comida o insumos la traen al cabo de unos minutos, tenemos acceso a miles de millones de personas de todo el planeta, y, sin embargo, a pesar de tener más cultura la sociedad y nosotros mismos no actuamos de forma conveniente para una mejor calidad de vida. Tengo la certeza profesora que no estamos desarrollando las habilidades necesarias para luchar que exige la dinámica de desarrollo del mundo actual, en especial ni en la escuela. Disponemos de toda la información y el conocimiento necesarios a nuestro alcance y, a pesar de estar mucho mejor situados que las generaciones anteriores, no actuamos por lo general con eficacia cuando se trata de resolver nuestra vida o nuestra profesión, damos la impresión de que carece de un propósito.

    La prioridad de los sistemas educativos debe estar en formar actitudes, esa debe ser la prioridad, en especial proyectando la formación de la actitud de nuestros grandes referentes, como lo es Fidel, en ese proceso con lujos de detalles en la formación de una nueva actitud, un manual para guiar y motivar a los jóvenes. La actitud debe ser una asignatura clave en el sistema educativo, una armazón de habilidades en el campo de las emociones, como competencias personales muy significativas que nos ayudan a cada uno de nosotros a enfrentar mejor la vida, los cambios y sus oportunidades. La actitud son habilidades en el campo de las emociones que determinan y ponen la diferencia entre unos y otros. Los conocimientos y las habilidades técnicas pueden aportarte eficiencia, pero la eficacia solo la aportara la actitud. Por ahí aprenderás sobre la tenacidad y perseverancia, la paciencia, el valor para asumir riesgos y adaptarte al cambio aun en plena incertidumbre. Fidel es la mejor escuela para entender el papel de la actitud en el ser humano.

  • arq. Guillermo Jesús Morán Loyola dijo:

    Tenía apenas 12 años, cuando mi destacamento de pionero No 22, se ganó la emulación de "tres sellos y una estrella" en la Ciudad de Camaguey, y asistimos a las actos centrales por el XV Aniversario de la UPC, y el XVI Aniversario de la UJC.
    Recuerdo aún el discurso de Fidel Castro, en el Teatro Lázaro Peña, y que hoy gracias a la tecnología digital del sitio web que lleva su nombre puedo recordar mejor, donde planteaba: " Hoy se habla de dirigentes de la Juventud Comunista que eran pioneros. En el futuro tendrá que hablarse cada vez más de ello, porque los pioneros de hoy son los jóvenes comunistas de mañana y los pioneros de hoy serán los futuros militantes del Partido Comunista de Cuba. Y si se habla hoy de dirigentes de la Juventud que eran pioneros, en el futuro tendrá que hablarse de dirigentes del Partido que fueron una vez pioneros...", y en la actualidad muchos de nuestros dirigentes entre ellos el primer secretario del Partido Comunista de Cuba, fue todo un pionero, y un lider de la Juventud.
    Fidel Castro, ha sido el pedagogo más grande que hemos tenido, que sus compañeros todos aprendieron de él, con esas ideas magníficas que supo trasmitir a ellos duante el proceso del 26 de julio, el Moncada, el Granma, La Sierra Maestra, la invasión, y el triunfo el primero de enero del 59, y después con esa claridad tan diáfana, y ese lenguaje tan natural, y sencillo a su pueblo, al que nunca engañó, ni dictó medida contra su pueblo, por eso es e ejemplo más admirable de profesor, de maestro, de pedagogo, que ha tenido Cuba, y de su gran obra por la educacion; hasta llegar a la Cátedra del adulto mayor, como uno de sus mejores aportes a la educación mundial. Gracias doctora por este artículo tan bello en sus manos de gran pedagoga también, felicidades por el día del maestro..

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Graziella Pogolotti

Graziella Pogolotti

Crítica de arte, ensayista e intelectual cubana. Premio Nacional de Literatura (2005). Presidenta del Consejo Asesor del Ministro de Cultura, vicepresidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, miembro de la Academia Cubana de la Lengua y presidenta de la Fundación Alejo Carpentier.