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Del “poder inteligente” a la guerra no convencional (II)

ciberguerra

Aunque para el 80% de los seres de este mundo que sobreviven con el 20% de la riqueza la globalización puede resultar un concepto abstracto, y dotarse de cualquiera de las “maravillas” que ofrece el mercado en forma de nuevas tecnologías de la informática y las comunicaciones (TIC) resulte un sueño imposible, es una realidad que ambos fenómenos estimularon el debate sobre el carácter de la guerras presentes y futuras. 

El avance de estas tendencias trajo consigo el auge de teorías y terminologías que, aunque no han sido reconocidas oficialmente como “doctrina” por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, son empleadas con relativa frecuencia por militares profesionales y personalidades políticas o del mundo académico, sin excluir del listado a comentaristas y profanos. 

Las nuevas tecnologías y los conflictos militares

Algunas de ellas sugieren una relación con la guerra no convencional, como la guerra de cuarta generación” y el “conflicto híbrido”. En ambos casos, con perspectivas diferentes, se aborda la combinación de los nuevos avances de la tecnología con tácticas de guerra irregular, una de cuyas formas es la guerra no convencional.

Hizo su aparición el término de “guerra de cuarta generación” a fines de la década de 1980, en el seno del debate sobre las formas que adquiriría en el siglo XXI. Sus promotores, la describían como aquella en la que adversarios flexibles combinarían el terrorismo, la alta tecnología y “una guerra sicológica altamente sofisticada, especialmente a través de la manipulación de los medios de información masivos, particularmente las noticias de televisión”

La complejidad para distinguir si se estaba en la guerra o la paz sería una cualidad distintiva de esta cuarta generación de la guerra, pues en ella no habría frentes ni campos de batalla claramente definidos y, tal como prevalecería la complejidad para distinguir entre la guerra y la paz, también lo sería para discernir entre combatientes y no combatientes.

Por otra parte la “punta de lanza” en este tipo de guerra no serían los grandes ejércitos dotados de blindados y respaldados por flotas de satélites, buques o aviones de alta tecnología, sino muy pequeñas unidades o células independientes, que se integrarían en correspondencia con la misión a cumplir. La ligereza de estas estructuras reduciría significativamente la dependencia logística y favorecería su capacidad de maniobra.

Tales ideas no tuvieron gran acogida en algunos y fueron criticadas por otros. Para estos últimos, lejos de ser una “nueva teoría”, la guerra de cuarta generación debía ser vista como una evolución de la insurgencia y la contrainsurgencia en la “era global”.

Todavía en 2003, el Pentágono no prestaba asunto a tal teoría. Con el objetivo de invadir Irak, EE.UU. empleó unos 200 000 efectivos, pero de manera más o menos tradicional, con grandes operaciones aeroterrestres, basadas en la capacidad para maniobrar ágilmente. 

Adecuando la doctrina

Comenzó a variar la suerte a partir de ese momento, cuando los esfuerzos de EE.UU. para pacificar Irak y Afganistán enfrentaron la realidad de combatir contra un adversario esquivo (formaba parte de la población misma), que hostigaba incesantemente al ocupante, sin que este tuviera un terreno que conquistar o un ejército que derrotar en una victoria decisiva. 

Se repetía la realidad de Vietnam. La diferencia entró con las nuevas tecnologías de la informática y las comunicaciones, que privaron a las grandes cadenas informativas del monopolio de la noticia. Internet y las redes sociales abrieron espacios para intercambiar información desde el propio escenario de los combates. Un teléfono móvil o una cámara digital de pequeño formato podían contar al mundo “otra historia” de la guerra, más real y dramática.

Esta evolución de la situación obligó al mando militar estadounidense revisar su doctrina para la guerra irregular y poco después, como parte de esta, la referida a la guerra no convencional. Curiosamente, algunas de las ideas enarboladas por los partidarios de la “guerra de cuarta generación” fueron incorporadas casi en detalle, lo cual insufló nuevos aires de contemporaneidad a estos conceptos sobre los conflictos militares. 

Son explícitas las referencias. El trabajo que en 1989 le dio origen a esta teoría, planteaba textualmente que en ese tipo de guerra “la población del país enemigo e incluso su cultura devenían en objetivos”, idea concordante con el término de guerra irregular definido en 2008 por el Departamento de Defensa, que la consideró una “lucha violenta […] por la legitimidad y la influencia sobre la población…”. 

El interés en considerar a la población como “objetivo militar” se expresa de modo más diáfano en la doctrina estadounidense para la guerra no convencional, que promueve el derrocamiento de gobiernos hostiles a los intereses de Washington por medio de las acciones de los propios ciudadanos de la nación agredida. Sobre este aspecto, la Circular de Entrenamiento 18-01 de las fuerzas especiales del ejército sobre la guerra no convencional, recomienda “separar” al Gobierno adversario de la población local, es decir, privarlo de su apoyo.

Dicha publicación también destaca que la subversión socava el poder de las autoridades, en tanto persigue mostrar su incapacidad para “gobernar de modo efectivo”. Curiosamente, el desafío a la gobernabilidad también está presente en reiterados estudios y abundante material de prensa sobre la guerra de cuarta generación, en los que se corrobora la idea de explotar las debilidades del adversario y socavar sus fortalezas. 

En la fallida agresión de Israel contra el Líbano en 2006 y las experiencias extraídas de las formas de lucha que emplearon las milicias del grupo chiita libanés Hezbolá para derrotar al agresor sionista, tiene su génesis el concepto de “conflicto híbrido”

Al igual que en el de guerra de cuarta generación, los proponentes de la tesis del “conflicto híbrido” destacan que el espacio físico donde se libran las operaciones rara vez está bien definido, pues al menos uno de los contendientes no es un ejército regular. 

Esta clasificación pretende cubrir los vacíos propios del concepto de “guerra irregular”, como por ejemplo, el empleo por grupos armados irregulares de tecnologías avanzadas, que en otros tiempos estaba reservado únicamente a las fuerzas armadas regulares.

Con lo dicho hasta aquí, pretendemos se comprenda que cuando se mencionan en la literatura algunos de los términos aquí expuestos (“poder inteligente”, “conflicto híbrido”, “guerra de cuarta generación”), se está haciendo alusión a “teorías” sobre la naturaleza de la guerra en un momento histórico específico, por lo que su perfil es fundamentalmente descriptivo-conclusivo y, por lo tanto, más o menos ambiguo.

Por el contrario, cuando nos debatimos ante los términos de “guerra irregular” y “guerra no convencional”, estamos ante enunciados de la doctrina aprobada y en uso por las Fuerzas Armadas y otras entidades del Gobierno de EE.UU. 

Esté atento amigo lector: parecen lo mismo, pero no lo son…

(Tomado de Cubadefensa)