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Fidel hace 60 años: “Instructor revolucionario, guardián del ideal” (+Fotos y Video)

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Fidel preside el acto de recibimiento a los milicianos que regresan del acuartelamiento de 20 días, motivado por la posibilidad de agresión a Cuba durante el cambio de poderes en los Estados Unidos. Foto: Archivo Sitio Fidel Soldado de las Ideas.

Fidel preside el acto de recibimiento a los milicianos que regresan del acuartelamiento de 20 días, motivado por la posibilidad de agresión a Cuba durante el cambio de poderes en los Estados Unidos. Foto: Archivo Sitio Fidel Soldado de las Ideas.

Aún en medio de la victoria, a todos nos embargaba el recuerdo de los sacrificios hechos, a todos nos indignaba profundamente la sinrazón de aquel crimen.  Y sobre nuestro país pesaba la amenaza vertida contra nosotros por los gobernantes del imperio yanki.  Fue en aquellas circunstancias cuando se inauguró el curso.

Acabábamos de derrotar al enemigo, y, sin embargo, comenzábamos un nuevo curso; acabábamos de obtener una gran victoria, y, sin embargo no nos dormíamos sobre los laureles, e inmediatamente nos dábamos todos a la tarea de prepararnos para las contingencias futuras.

Ahora, después de cuatro meses de trabajos y de estudios, ustedes tienen la satisfacción de recibir su diploma de instructores revolucionarios.  Me imagino que para todos ustedes sea un minuto de alegría, de júbilo y de justo disfrute de su comportamiento, de su disciplina y del esfuerzo que han hecho.  Pero no es solo un minuto de júbilo para ustedes, es también para todos nosotros un gran minuto de satisfacción y de alegría.  Lo es también para todos los compañeros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y lo es también para el pueblo. Desde luego, no lo es para los enemigos del pueblo, los que odian a nuestra Revolución porque destruyó sus privilegios; los que odian a nuestra Revolución porque puso fin a la injusticia...

Para esos no será un minuto de júbilo, para esos no será un minuto de satisfacción.  Ellos saben lo que esto significa, ellos saben que hemos dispuesto de cuatro meses y medio más para extraer de esta escuela una legión de combatientes revolucionarios, una legión de soldados verdaderos de la patria, leales a ella, firmes y eternamente fieles a la gran causa que están defendiendo.  Ellos saben que esto significa más fuerza para la Revolución, ellos saben que esto significa más energía para la Revolución, ellos saben que esto significa más moral, más convicción, más espíritu revolucionario para la Revolución.

En el momento en que ustedes terminan este curso, es necesario a nuestro país y a nuestra Revolución redoblar el esfuerzo.  Es en el instante en que de nuevo se ciernen sobre la patria las amenazas de nuevas agresiones, en que de nuevo se ciernen sobre nuestro pueblo las amenazas de nuevos crímenes, de nuevas violaciones a sus derechos, a su soberanía, a su sagrado principio, a su sagrado derecho de autodeterminación.

Los contrarrevolucionarios, los agentes del enemigo, ¿qué hablan?, ¿qué dicen?  Pues ellos, cada vez que viene un período de amenazas y de planes, tratan de sacar provecho, tratan de alentarse, tratan de agruparse, tratan de ilusionarse, y tratan de ilusionar también a los suyos, a los timoratos, a los incautos; ellos son los primeros propagadores de los planes.  Nosotros sabemos de planes por informaciones que recibimos de distintas vías.  Ellos saben de planes a través de sus amos, pero son los primeros propagadores de esos planes, y ahora andan diciendo que vendrá, y será tremenda.  Ahora andan diciendo que la próxima vez sí que no van a fallar, y con esas ilusiones y con esos pregones tratan de entusiasmarse.

Sueñan con eso, como también, quizás, la realidad le parezca una pesadilla; la pesadilla que es una revolución para los explotadores; la pesadilla que es una revolución socialista en América para el imperialismo; la pesadilla que es ver a la clase obrera al frente de los destinos de un país; la pesadilla que es para ellos ver a los campesinos trabajando la tierra sin pagar rentas; la pesadilla que es para ellos ver los antaños poderosos e inexpugnables cuarteles convertidos en aulas escolares; la pesadilla que es para ellos ver al pueblo bañándose en las playas; ver al pueblo, blanco o negro, sin ninguna desigualdad, sin ninguna odiosa discriminación, vivir bajo el mismo cielo y sobre la misma tierra, con el mismo derecho; ver que el analfabetismo desaparece, ver que no quedará uno solo del millón y tantos analfabetos; ver los extraordinarios avances, el porvenir agrícola e industrial de nuestro país; ver ese movimiento masivo de educación para preparar a las decenas y decenas de miles de técnicos que el país necesita; la pesadilla que es para ellos ver al pueblo armado.

Ustedes van a partir hacia las distintas unidades, van a ser los instructores revolucionarios de nuestras unidades de combate.  De esas unidades salieron ustedes, de las distintas unidades de las armas revolucionarias; a esas unidades o a otras unidades irán ustedes ahora.

Ustedes son los instructores revolucionarios de los soldados de la Revolución (...) Esos soldados, esos combatientes, proceden de las mismas filas de ustedes, son sus compañeros de clase, son sus compañeros en el ideal.  A esos combatientes son los que ustedes están llamados a superar, a ayudar, a educar, a comprender cada vez mejor el carácter de la Revolución, los ideales de la Revolución, la justicia de la Revolución; el carácter de lucha de clases de la Revolución, de lucha de clases entre las clases explotadas y las clases explotadoras.

¿Por qué es necesario el instructor revolucionario?  Porque el ejército de una revolución no es un ejército de mercenarios, los combatientes de una revolución no combaten porque les paguen; los combatientes de la Revolución combaten por un ideal, los combatientes de una revolución son por eso capaces de hacer sacrificios y esfuerzos que jamás podrá hacer un soldado mercenario.  Los mercenarios se rinden, los mercenarios levantan bandera blanca; ¡los combatientes verdaderos de una revolución no levantan jamás bandera blanca! Los combatientes de una revolución prefieren mil veces la muerte física a la muerte moral; los mercenarios, moralmente muertos desde siempre, se conforman con preservar la vida física.

Los soldados de una revolución son obreros, son campesinos, son hombres como ustedes, que se ganaban la vida trabajando en una fábrica, que nunca pensaron ser soldados, que nunca habrían sido soldados si no se hubiese tratado de una revolución; que solo se han convertido en soldados cuando vino una revolución, cuando tuvieron que ser soldados para defender sus derechos, cuando tuvieron que ser soldados para defender una causa justa, cuando tuvieron que ser soldados para defender su patria.

Y claro que ese combatiente es por todos conceptos superior al combatiente mercenario; es por todos conceptos superior, incluso, a ese soldado que reclutan, porque ninguno de ustedes fue obligado por ninguna ley a ser combatiente.  Y en las guerras se reclutan los combatientes por ley; y ese que va a filas por ley nunca es un combatiente como lo es el que viene espontáneamente, porque sabe a qué viene, y porque está orgulloso de luchar en las filas de esa fuerza revolucionaria.

Y así son todos los combatientes de la Revolución.  De ahí que un ejército mercenario lo que necesita es jefe, y un ejército revolucionario necesita jefe y necesita instructores revolucionarios. Es decir, necesita del hombre que sea guardián del ideal, que sea guardián de la disciplina, que sea guardián de la conducta revolucionaria y de la conducta moral del soldado;  que sea el amigo del soldado, el que conozca sus problemas, el que lo oriente, el que le hable en términos de compañero de su propia fila, el que le hable de soldado a soldado, el que lo instruya, el que se preocupe por su educación, el que lo aliente, el que levante su moral en los momentos difíciles; necesita del ejemplo, porque ustedes, instructores revolucionarios, recuérdense de esto:  primero que nada, más que maestros, más que amigos, más que compañeros, ustedes han de ser el ejemplo.  Ustedes son, antes que nada, el ejemplo para los combatientes, el ejemplo en todo, el ejemplo en las marchas, el ejemplo en los campamentos, el ejemplo en el combate, el ejemplo en el sacrificio.

Debe tratar de adquirir el mayor número de conocimientos militares  —como aquí se les ha tratado de enseñar todo lo posible sobre cuestiones militares—, porque hay ocasiones en que puede caer el jefe, puede quedarse sin mando, puede caer el segundo jefe, y en ese momento haga falta un hombre para tomar el mando, y entonces ese hombre es el instructor revolucionario.

El instructor revolucionario es el que nunca pierde el ánimo, el que nunca se cansa, el que nunca desfallece, el que le da aliento a los demás.  Y eso es muy importante en toda unidad de combate, eso es muy importante en toda campaña, eso es muy importante en toda guerra. El instructor revolucionario se preocupa del tratamiento que el soldado le da a las armas, a los vehículos, al material; y se preocupa muy especialmente de las relaciones del soldado revolucionario con el pueblo (…)

El instructor revolucionario se preocupa de que la tropa sea correcta, de que la tropa se comporte correctamente dondequiera que se encuentre:  en el campamento o en campaña, en cualquier circunstancia; del respeto de la tropa hacia la población muy especialmente, del buen trato de la tropa hacia la población, de la conducta del soldado.  El instructor revolucionario se tiene que preocupar de todas esas cosas, y siempre predicar entre los soldados esa línea recta, siempre predicar entre los soldados los principios de la Revolución que defiende, los métodos de la Revolución que defiende, y que esos principios los cumpla siempre.

Las milicias y combatientes de Playa Girón con la victoria. Foto: Archivo.

Las milicias y combatientes de Playa Girón con la victoria. Foto: Archivo.

Y el primer principio de un ejército revolucionario es el respeto al pueblo, sobre todo el respeto a su pueblo; y es, incluso, el respeto a los enemigos suyos, el respeto al enemigo, que es una de las cosas más difíciles, una de las cosas más difíciles de lograr, y que, sin embargo, a nosotros la experiencia nos enseña que eso es posible, no importa el odio que sienta con razón hacia los enemigos de su patria, hacia los enemigos de su pueblo.  El soldado revolucionario no asesina, el soldado revolucionario no tortura, el soldado revolucionario no le quita la vida a un enemigo prisionero por iniciativa propia; el soldado revolucionario lo presenta ante los mandos, y siempre pone el destino del prisionero en manos de la autoridad que corresponda decidir sobre ese destino.

Ahora, ustedes tienen dos tareas: las tareas en la paz y las tareas en la guerra.  En la guerra las tareas de ustedes se multiplican, la misión de ustedes se hace más importante todavía, porque en la guerra ser el ejemplo es una tarea más dura todavía.  Y el instructor debe ser en la guerra el ejemplo de los soldados.

Compañeros instructores revolucionarios:  que esa palabra sea siempre una palabra honrosa; que esa palabra signifique siempre dignidad, signifique siempre honor, signifique siempre firmeza, signifique siempre lealtad a la Revolución y a la patria; que esa palabra —instructor revolucionario— signifique siempre ejemplo, signifique siempre lección en la paz y en la guerra; que esa palabra siempre sea una palabra de orgullo para la patria.  Que instructor revolucionario quiera decir revolucionario verdadero, revolucionario incansable, luchador consciente de que el descanso del revolucionario —como ya se ha dicho— es la tumba, luchador verdadero, vanguardia de la patria, constructores de la historia.

Ustedes representarán la idea revolucionaria en las unidades de combate, ustedes representarán el ideal revolucionario, ustedes simbolizarán la convicción y la conciencia revolucionaria, ustedes serán los maestros, ustedes serán la conciencia, ustedes serán el ejemplo de la tropa.  Y cada uno de ustedes está obligado con la patria, y está obligado con cada uno de los demás a que ese título que llevan, llevarlo siempre limpio, llevarlo siempre sin mancha, llevarlo siempre con orgullo.  Porque cada uno de ustedes es depositario del prestigio de todos, y cada uno de ustedes es depositario de la fe y de la confianza de la patria; cada uno de ustedes es columna de esta Revolución”.

  • Lea el discurso completo pronunciado por Fidel Castro Ruz en la graduación de 750 instructores revolucionarios, celebrada en la escuela "Osvaldo Sánchez", el 20 de septiembre de 1961.
  • Para conocer más sobre el ideario del líder de la Revolución Cubana, visite el sitio Fidel Soldado de las Ideas. Síganos también en FacebookYoutube y Twiter

En video, Fidel y la victoria de Girón

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Fidel Castro Ruz

Fidel Castro Ruz

Líder histórico de la Revolución Cubana. Nació en Birán el 13 de agosto de 1926 y murió en La Habana, el 25 de noviembre de 2016. Ha escrito numerosos artículos, reflexiones y libros sobre la situación mundial, la historia de Cuba y su actualidad.