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Fidel hace 60 años: "La era de la Revolución en el campo de la educación" (+ Video)

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Desde el triunfo de la Revolución, Fidel impulsó el desarrollo de la Educación en Cuba. Foto: Archivo.

Desde el triunfo de la Revolución, Fidel impulsó el desarrollo de la Educación en Cuba. Foto: Archivo.

Fragmentos del discurso que pronunció en la clausura del Congreso Nacional de Alfabetización, en el Teatro "Chaplin", el 5 de septiembre de 1961.

En pocos otros aspectos la Revolución ha avanzado tanto como en el campo de la educación.  Es que no se concibe una revolución sin una gran revolución también en el campo de la educación;  es decir que revolución y educación son dos cosas casi sinónimas.

El profesor distinguido del hermano país del Uruguay que habló esta noche aquí, expuso brillantemente el porqué revolución y educación son dos cosas inseparables, precisamente porque opresión e ignorancia también son dos cosas que marchan juntas.  Y para aquella gente que les cuesta algún trabajo entender los problemas de la Revolución, aquellas personas que tienen algunas dudas sobre la Revolución, yo creo que no hay ninguna otra cosa que contribuya más a aclararles la mente que el análisis de lo que la Revolución ha hecho en educación, porque eso es lo más elocuente para convencer a cualquiera de lo que es una revolución.

Debieran los confusos, debieran de meditar un poco.  Aunque en todos los órdenes se puede meditar, y en todos los órdenes se puede comparar el presente con lo que había en el pasado, en el campo de la educación tienen un gran caudal de hechos que les servirá, por lo menos, si no para convertirse a la Revolución, para sentirse avergonzados de ser contrarrevolucionarios.

La educación en nuestro país era un cuadro desalentador

La educación en nuestro país estaba como en casi todos los países de América Latina.  El cuadro de la educación en nuestro país era un cuadro desalentador, un cuadro deprimente.

El Ministerio de Educación...  Todo el mundo recuerda que el Ministerio de Educación era una sentina de politiquería:  todo el mundo recuerda que los ministros más pícaros y más ladrones iban a parar al Ministerio de Educación; todo el mundo recuerda aquella historia del “inciso k”—y si alguien no se recuerda, debiera recordarlo—; la cantidad de botellas, de prebendas, de negocios sucios que había en el Ministerio de Educación; cómo allí se formaban las camarillas políticas; cómo aquel ministerio era la caja de donde se nutrían los recursos de los peores politiqueros, de las maquinarias políticas; la cantidad de botelleros que había en el Ministerio de Educación; cómo el Ministro de Educación andaba repartiendo “botellas” por toda la república, para organizar una maquinaria política.

Y todo el mundo recuerda, incluso, las humillaciones de que eran víctimas los maestros; y cómo era difícil para un maestro, para un profesor, lograr una oportunidad para trabajar, para enseñar; cómo funcionaba todo aquel mecanismo de las preferencias, de las recomendaciones, y de todas aquellas cosas, de tal manera que cuando la Revolución llegó al poder se vio en la necesidad de tomar una serie de medidas que fueron imprescindibles.  Había profesores que tenían un suplente en la escuela, y que ellos no daban clases nunca, y se ausentaban durante años de sus aulas.

El Ministerio de Educación fue uno de los departamentos del Estado donde se hizo necesario un trabajo más arduo, más difícil y más delicado, porque había muchos intereses que se habían formado alrededor de todo aquel sistema politiquero que funcionaba alrededor del Ministerio de Educación.  Fue un trabajo difícil, porque eran muchos intereses.

Fidel, el pionero mayor. Foto: Archivo de Granma.

Fidel, el pionero mayor. Foto: Archivo de Granma.

Antes, ahora

Nosotros, en nuestro esfuerzo por preparar técnicos con la mayor prontitud y en el mayor número, nos encontramos con un problema:  que no hay suficientes bachilleres en el país para toda la capacidad de preparación de técnicos que el país desea formar en este momento.  Es decir, ¿por qué?  Bueno, la cifra lo explica perfectamente bien:  un millón cuarenta y dos mil o cuarenta y cinco mil analfabetos que han aparecido.  De ellos, muchos son hombres jóvenes, que podían ser bachilleres; más una gran suma de jóvenes que estudiaron hasta segundo y tercer grados en los centrales azucareros, en los campos; algunos, que llegaron en algunos pueblos hasta 6to grado, donde no había secundaria básica, y no pudieron ser bachilleres.   Y la Revolución no tiene esos bachilleres.

La Revolución está ahora impulsando la formación de bachilleres, y ahora traerá a jóvenes, que han aprobado ya el 6to grado, de todos los pueblos de Cuba donde no hay secundaria básica, y les concederá becas para estudiar.

Antes, de cada central azucarero venía el hijo del dueño del central, o del administrador del central —si era de una compañía extranjera—, de los grandes colonos, de los dueños de los comercios, el hijo del médico, el hijo del abogado; aquella gente venía, estudiaba hasta 6to grado en la escuelita, y después se iba a estudiar en las ciudades.

De cada central azucarero había 10 ó 12 muchachos, hijos de aquellas familias precisamente, que iban a estudiar.  Sin embargo, cuando el próximo curso comience, de cada central azucarero vendrán 30, 40, 50, 60 muchachos, de los que hayan aprobado el 6to grado, y sean de las familias que de ninguna manera podían enviar a sus hijos a estudiar a un instituto, porque, ¿de qué manera un obrero de un central que no trabaja todo el año puede sufragarle los gastos a un joven en un pueblo, con todos los gastos que ello implica, para estudiar bachillerato?

Esos jóvenes no tenían la menor oportunidad de ir a estudiar a los institutos.  Y, sin embargo, ahora una legión de jóvenes de esa extracción social humilde ingresará en todas las escuelas secundarias; miles y miles ingresarán todos los años, y será una verdadera masa que en el futuro irá a engrosar las filas de los estudiantes universitarios.

Hablábamos del cuadro de la universidad, y nosotros, por experiencia propia, sabemos que aquel cuadro era un cuadro desesperante, del cual ningún país podía sacar fruto alguno.  Así que el caos, y la corrupción, y la desorientación que había en la enseñanza era idéntica desde la escuelita carente de pupitres, carente de papel, carente de lápices, carente de material, carente de todo, con niños que iban descalzos, o con las ropas raídas, o hambrientos, o sencillamente no iban a la escuela porque no tenían ni ropa, ni zapatos, ni comida, o porque tenían que irse a ayudar a su padre con el narigón de la yunta de bueyes.

Y eso no lo puede negar nadie, porque eso lo sabe hasta el más ciego:  saben que esa era una verdad de nuestro país, una realidad triste, que la Revolución vino a cambiar, para darle al niño descalzo, al niño sin ropa, al niño que tiraba del narigón de la yunta de bueyes, la oportunidad de ser, también, un día, médico, ingeniero agrónomo, ingeniero electricista, administrador de una empresa.

Es decir, la oportunidad de ser también, si es inteligente..., porque la única condición que debe requerirse para que un joven tenga oportunidad de estudiar, es que tenga condiciones naturales y que tenga condiciones morales, que tenga la inteligencia clara, y el corazón recto, el corazón noble y el corazón generoso.  Y esos serán los únicos requisitos para que cualquier joven pueda llegar a ser lo que antes podían llegar a ser solamente aquellos cuyos papás, o “papaces”, era gente dueña de centrales azucareros, dueña de latifundios, dueña de grandes fábricas, dueña de bancos, dueña de negocios.

Se iba transformando todo el sistema educacional

(…) Para lograr estos propósitos, que son propósitos inspirados en motivos hondamente humanos, pero inspirados también en realidades y necesidades sociales y económicas, para lograr esos propósitos la Revolución ha tenido que tomar muchas medidas desde que llegó al poder hace algo más de dos años y medio.  Y se encontró, por ejemplo, con que en los campos había 500 000 niños, por lo menos, por lo menos medio millón de niños que no tenía maestros…

¡Medio millón de niños sin maestros!  ¡Faltaban maestros, pero sobraban botelleros; faltaban maestros, pero sobraban politiqueros; faltaban maestros, pero sobraban esbirros; faltaban maestros, pero sobraban represores, explotadores, jugadores, contrabandistas, boliteros, sargentos políticos, chivatos!  Eso sí sobraba: aquella plaga de parásitos que vivía de la corrupción, que vivía del abuso, que vivía del atropello, que vivía de matones.  Faltaban escuelas, pero sobraban cuarteles y sobraban fortalezas militares…

Y una de las cosas verdaderamente dignas que esta Revolución ha hecho es haber convertido todas las grandes fortalezas militares en escuelas, y el haber convertido casi todos los cuarteles en escuelas.  Política que se ha seguido, aun cuando nuestro país se veía constantemente amenazado, aun cuando nuestro país se veía obligado a armarse hasta los dientes para defender su tierra, para defender su soberanía, para defender su libertad, y aun cuando hemos tenido que vivir sobre las armas.  Aun así, la consigna de convertir los cuarteles en escuelas se ha cumplido plenamente.

Comenzó así la era de la Revolución en el campo de la educación: toda una serie de medidas para liquidar los viejos vicios en ese ministerio, toda una serie de medidas para modificar los sistemas de enseñanza, para dotar a las escuelas de los recursos necesarios.  Se comenzó a crear aulas.  Había solamente 17 000 aulas o 17 000 maestros, y hacían falta  35 000 maestros.  Y en un solo año se crearon 10 000 nuevas aulas, ¡y en dos años y medio de Revolución se ha creado quince mil nuevas aulas!

Fidel, muy cercano siempre, a los pioneros y maestros. Foto: Archivo de Granma.

Fidel, muy cercano siempre, a los pioneros y maestros. Foto: Archivo de Granma.

¡Diez mil maestros había sin trabajo, y diez mil maestros comenzaron a trabajar en solo un año!  Cinco mil maestros y profesores se integraron a la enseñanza primaria, con lo cual se pudo aumentar en 5 000 el número de maestros.

Mas los maestros no alcanzaban, no alcanzaban los maestros; las montañas estaban sin maestros.  Y se hizo un llamamiento a la juventud, se solicitaron jóvenes que estuviesen dispuestos a pasar por un duro período de prueba, para ir después a enseñar a las montañas.  Y se presentaron millares de jóvenes, y pasaron las pruebas, y marcharon a las montañas, y pudo así situarse a un maestro hasta en los lugares más apartados del país, donde vivían niños que nunca habían visto el mar, ni la carretera, ni la luz eléctrica; donde vivían niños que ni siquiera tenían idea de lo que era un libro, de lo que era una libreta, o de lo que era un lápiz.

La Revolución no solo había convertido las fortalezas y los cuarteles en escuelas, sino que había creado 10 000 nuevas aulas, y había enviado un maestro a cada rincón del país, y había garantizado la enseñanza a medio millón de niños cubanos, que no tenían ni escuelas ni maestros.  Por lo menos, llegó el maestro a enseñar, a enseñar en un bohío, o a enseñar debajo de un árbol, pero a enseñar; porque lo más importante de la escuela, como decían esos versos que leía el niño maestro del Príncipe, “no es el edificio sino el maestro, y la comunión entre el maestro y sus alumnos”.  El maestro, que es el alma de la escuela, llegó; llegó primero que el edificio, llegó primero que las comodidades, llegó a enseñar a los niños y a los adultos.

Se habían logrado grandes avances.  En los antiguos cuarteles podían estudiar ya más de 70 000 niños.  ¡Y medio millón de niños recibían a sus maestros!  Parejamente con ello, se iba transformando todo el sistema educacional, todos los programas de educación, desde la escuela primaria hasta la universidad; se iba desarrollando un sinnúmero de escuelas de todos los tipos, y se iban tomando medidas para crear incontables escuelas técnicas, porque necesitábamos escuelas técnicas.

(…) la Revolución logró eso, que todos los niños tengan maestros, lo logró en un año; pero se propuso algo que parecía más difícil, que parecía imposible:  ¡Liquidar el analfabetismo en un año!  Es decir, enseñar a ese 1 035 000 de las estadísticas, sin importar la edad, sin importar el lugar del país donde viviera y enseñarle.

  • Lea el discurso completo pronunciado por Fidel Castro Ruz en la clausura del Congreso Nacional de Alfabetización, en el Teatro "Chaplin", el 5 de septiembre de 1961.

 

En video, Campaña de Alfabetización

Se han publicado 3 comentarios



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  • EABFUERZACUBAVENCEREMOS dijo:

    Se oye mucho el comentario que falta hace FIDEL,esto demuestra que nuestro eterno lider es eso ETERNO,sus ideas,su pensamiento unico,su altura de estadista,su vision del futuro,su forma de ver los problemas y darles soluciones.Existe un axioma,pasara tiempo para que uno como el vea la luz.En Fidel esto no se cumplira nunca,ES UNICO<ES EL FIDEL DE LOS CUBANOS<EL DE LOS POBRES DE LA TIERRA<EL DE LOS OPRIMIDOS<EL DEL MUNDO.No nos ilusionemos como nuestro FIDEL NADIE.

  • Guillermo A, Martel Cruz dijo:

    EL DISCURSO DE FIDEL EN NACIONES UNIDAS EN SEPTIEMBRE DE 1960

  • Yamilet dijo:

    Muchas felicidades a todos los trabajadores del sector de la educación.

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Fidel Castro Ruz

Fidel Castro Ruz

Líder histórico de la Revolución Cubana. Nació en Birán el 13 de agosto de 1926 y murió en La Habana, el 25 de noviembre de 2016. Ha escrito numerosos artículos, reflexiones y libros sobre la situación mundial, la historia de Cuba y su actualidad.